Acerca de Arachne

No sé cómo ni cuándo, sólo sé que un día, quise que las fantasías salieran de mi cabeza y se materializaran en palabras.

Alexandra. Nacida en la Ciudad de México, en el año del tigre, como hija mayor de una joven familia de la colonia Roma…

Ok, esto de escribir biografías no es lo mío, y menos si se trata de una autobiografía. Es demasiado pretencioso el describirse en tercera persona tratando de que el lector se intrigue por la personalidad carismática y un tanto misteriosa del sujeto-tema. A fin de cuentas, no deja de ser una apología de las vivencias de alguien que por gran suerte (y quizá talento) es considerado lo suficientemente interesante como para ser leído. Y de momento, no tengo evidencia tangible de haber ganado tal mérito. Me limitaré a comentar que esto es fácilmente la tercera vez que intento dejar evidencia de las cosas, perversiones, secretos y alucines que, de tanto en tanto, genera mi cerebro. Sea por obra mágica, conexiones sinápticas o simple reseña de algo que pude haber escuchado y olvidé de quien, suelo creer que lo que puedo traducir en palabras escritas es mil veces más agradable de lo que puedo producir por medio de la voz.

Según recuerdo, esta gracia de contar “cuentos” la tengo desde antes de saber escribir; alguna vez me dediqué a llenar todo un cuaderno con la historia de una mujer que ganaba concursos de vuelo y que, a lo largo de 100 hojas, sufrió de un balazo, un matrimonio con 4 hijos y la creación de un grupo de rock. Luego de terminar el único ejemplar de dicha tragicomedia en tinta azul, decidí publicarla “al vuelo”: arrojé el cuaderno por la ventana del tercer piso donde vivía con mi familia y me asomé, impaciente, a ver quién se dignaba a recogerlo. Luego de unos 10 minutos, un niño tomó el cuaderno, lo hojeó y decidió llevarlo consigo. Al menos puedo decir que mi primera historia “se vendió bien”.

Varios años después, en mis clases de literatura de secundaria, tuvimos a bien leer sobre las escritoras latinoamericanas: Gabriela Mistral, Rosario Castellanos, Juana de Ibarbouru y otras más, desfilaron por nuestros libros. Junto con un grupo de amigas, decidimos formar nuestro grupo de escritoras jóvenes y auto-denominarnos “Gemas”. Bajo el pseudónimo de Zafiro, me di a la tarea de escribir poemas de los cuales ya no me acuerdo pero que seguramente eran lo más cursi y rosa que podía generar mi hormonal cerebro quinceañero. En realidad, desconozco que haya sido de tan próspero acervo, y por mi bien, espero no saberlo; en realidad no sé si me gustaría releer los poemas que fácilmente podría procurar un “poetuitero”.

Más años se acumularon en mi cerebro; entré en la etapa rebelde e inconforme que suele tener todo aquel que se quiere comer el mundo de sus sueños. 16 años, si no mal recuerdo y decidí que las letras serían mi sustento. Tristemente, fue una decisión unilateral ya que mis progenitores decidieron que, viviendo bajo su techo, debía estudiar “algo de provecho”. Volqué mi ira y frustración en varios cuadernos: llené y llené hojas de tinta y sufrimiento; decidí llenarme de oscuridad y escribir sobre muertos y sacrificios. Quizá no con toda perfección, pues cuando releo lo que generé en esos años, realmente me gana la risa por tanta depresión. No sé qué habrá sido de aquellos cuadernos; cuando me entra la frustración me da por deshacerme de cosas que quiero. Conservé algunas letras que bien pudieron ser canciones (al menos en mi mente) pero, tristemente, ese es otro talento del cual carezco.

Seguí el paso del tiempo; me concentré en completar lo académico y de vez en vez, escribir algún cuento. Cierta noche tuve un sueño; un vampiro llegaba a visitarme y a contarme una historia fantástica salida de su garganta y el aliento frío es lo que más recuerdo. Esa historia se titulaba “Nocturna”, el año era 1996. Hasta la fecha, no he podido dejarla salir de mi cerebro pero, año con año, se llena de nuevos personajes y situaciones. Parte del objetivo de este sitio es ponerle fin a esa espera y dejarla libre con todas sus letras. Si bien, lo único que pude dejar fue una web, de título igual, dedicada a los Seres de la Noche que tantas veces quise encontrar, ocultos en las sombras. Otro era el pseudónimo y el lugar, pero las letras aparecían. Algo curioso: el texto de entrada de esa página fue algo bastante popular entre las “almas en pena” que visitaban el sitio; si alguien me hubiera dicho que eso pasaría, seguro le ponía candado y empezaba a cobrar.

Más años se han adentrado en mi cuerpo y los cuentos no dejan de habitar en mi mente. Si el archivo de mi memoria no falla, al menos hay 8 historias que piden a gritos salirse por mis dedos y plasmarse en algún lugar. Sufren y lloran porque nadie sabe de ellas y porque no han podido reclamar su espacio y tiempo. Y ese, es por tanto, el objetivo de este sitio.

Si bien no pude lograr vivir de mis letras, al menos mi trabajo diurno me da lo suficiente para viajar por las noches a mundos de fantasía. Y es así que espero que en este tercer intento, todos mis cuentos y reflejos puedan quedarse y liberarse. No espero fama y fortuna, al menos espero que para alguien sean lo suficientemente buenos para regresar y releerlos. Con alguien que sepa de ellos, me doy por bien servida.

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