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Sin poder moverme, escuché el momento en que dijeron que era todo. Nadie escuchaba mis gritos. Sólo las lágrimas ocurrieron y el médico decía que era un reflejo. Apagaron el respirador. Mi cuerpo se fue congelando pero yo seguía viéndolos. Ahora, no sé dónde refugiarme si mi contenedor se hizo cenizas.

Doctor A.

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